Independientes

Las batallas que nunca existieron

Busco señor educado 324613

El realismo nació, ya lo sabemos, en íntimo contacto con la consolidación de la revolución burguesa, pero inmediatamente, por la dosis de crítica social del realismo, tendieron a separarse. Nueva sociedad basada, en un principio, en postulados tan individualistas como el de la libre competencia o el de la garantía de los derechos individuales. Ese momento inicial tendría su expresión artística en Balzac, y en Galdós en España. Sus equivalentes no son ni Zola ni Flaubert, sino Balzac y, en el momento final, Tolstoi, que vivía un proceso si no igual, al menos muy distinto del francés. Galdós, en cambio, mira a un pasado inmediato desde el punto de vista de una burguesía enriquecida y triunfante. Los héroes de las dos primeras series, Gabriel Araceli y Salvador Monsalud, son la expresión del héroe mediocre de Scott, pero representantes ahora de la burguesía liberal. Lo mismo puede observarse en las otras series. Galdós parte, para su inmensa obra novelística, de un sistema de valores firmemente asentados en los conceptos de paz, orden y progreso. Su filosofía se basa en el valor supremo del esfuerzo y del trabajo.

Una representación, ésta de Santiago Matamoros, estrechamente unida a un curiosísimo fenómeno que se entremezcla con la historia. Por lo tanto, si combate atañe a nuestro pasado glorioso, se le suele aderezar con unos toques de fantasía, aunque, como veremos, a veces ese sazonamiento fabuloso se les fue de las manos a cronistas e historiadores. El problema de las batallas mitológicas no son sus exageraciones, sino tomarlas por ciertas. La aparición providencial del apóstol Santiago a lomos de su caballo en la localidad riojana de Clavijo en el año casi abriles antes. No obstante, Jiménez de Abra cometió un pequeño error que sirve para tirar del hilo y apearse toda la batalla.

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